EL MEDIO, El Fanzine de y para la Ciudadanía

 Renato Galicia M./CRONOS del diario TIEMPO

Es una revista para informar a la ciudadanía y para que esta se apropie de ella, tenga voz, aunque cabe uno que otro profesional del periodismo; busca que aquella la sustente, y evita y evitará totalmente la comercialización y los padrinazgos político-gubernamentales –ese mal enquistado en todos los medios–; tanto en su formato impreso como digital, es actualizable, además de que quizá sea el primer fanzine ciudadano en México.

Número

Fortino Torrentera es el decano de los periodistas culturales oaxaqueños y bastante más. Músico y bohemio: le gustan los buenos vicios, y como todo tecleador –término este acuñado, hasta donde sé, por ese gran informador llamado Jorge Meléndez Preciado cuando escribía su “Botica”– tiene varios; tipo íntegro y sencillo: nunca anda con esas ínfulas de soy la neta de la pluma y la grabadora, la cámara y el video, tan de moda hoy entre los “comunicadores mediáticos” [¡Dios mío!, qué terminajo, perdonen]; cultivador no sólo de la Cultura –la de con mayúscula, no esa tan limitada de quienes nada más saben dar vueltas en el sacrosanto centro histórico y sus centros culturales [así de pleonástico el asunto] y, peor aún, alrededor de sus gurús; el mismo Preciado ha dicho, palabras más o menos: “cultura es todo lo que produce” la humanidad y punto–, sino de la amistad, una virtud que sólo tienen algunas personas en un medio como el cultural –y el periodístico– de tanta grilla, transa, envidia, elitismo y clasismo, aunque usted no lo crea, estimado lector, lo cual quizá se deba a lo minúsculo que es.

Cabe aquí una digresión que quizá no lo sea tanto, pues me permitirá ir al punto de por qué hablo del buen Fortino. En alguna ocasión, el igual buen Ulises Torrentera –sobrino de aquel, por cierto–, nos llevó, a la hija del escritor Gerardo de la Torre, a una amiga de ella y a su servidor, a la cantina La Muralla o El 20 a comer, y en una de esas, la amiga fue al baño y yo me quedé platicando con la hija del autor de “Ensayo general”, y en un momento dado de mí salió el nombre de Juan Jacinto Silva –quien fue noticia hace poco por su pleito, como director de noticias de Canal 22, con el director general de este corporativo del Estado, Raúl Cremoux.

–¿A poco conoces a Juan Jacinto Silva?

–Sí, es mi amigo.

–Pues mi amiga… fue su esposa.

Teníamos mucha risa. Y desde luego ya no abrimos la boca sobre el tema. Después, le platiqué la anécdota a Juan Jacinto, y solemne como le gusta ser, me comentó: “sí, la clase media es muy pequeña, y la clase media cultural, todavía más”.

Pues bien, Fortino Torrentera es un personaje clásico y típico del centro de la ciudad de Oaxaca quien, desde que lo conozco y antes, por lo que me he enterado, procura y logra salirse de los moldes de esa minúscula clase media ilustrada y abarcar social y culturalmente hablando todo lo que periodísticamente sea posible.

Reportero cabal –está mejor informado que muchos de esos que se jactan de escribir para medios nacionales que de buenos ya nada más tienen la fama, y con más lecturas asimiladas que los lectores por tonelada–, es un periodista en el sentido completo del término por dos cuestiones: una, no sólo el camino recorrido, sino cómo lo ha hecho, y dos, su necedad vocacional por enfocar su periodismo en el bien ciudadano y nadie más.

Y aquí llego al meollo del asunto. Como periodista que vive, come, sueña y todo el tiempo hace periodismo –aun cuando se está descansando o practicando esos ocios viciosos luego tan nutridores–, Fortino ha lanzado un proyecto más de los tantos emprendidos: “El Medio/ El Fanzine de y para la Ciudadanía”, intitulado así por esos su saberes y pasiones en relación con la tecnología de la web –tanto, que en uno de sus lances a la Ciudad de México nada más por el gusto de hacerlo, fue a una convención de internet al World Trade Center y entrevistó, como quien va de paso, nada menos que a Steve Jobs–, pero también vinculados con la vieja escuela, pues lo imprime en papel, “en un formato hecho a mano [engrapado], lo más cercano a arrancarte el alma y coserla encima de tu propia piel”.

Al estilo de las revistas contraculturales ochenteras, incluso con su precio de 30 pesos como cuota de recuperación, y no como esas de la clase media cultural pequeñita –perdonen el diminutivo— que dependen de la depredación disfrazada de altruismo o de las dizque marginales que viven de las becas del Fonca o del subsidio de la Seculta; con sus deficiencias, sí, y con sus méritos sobre todo, “El Medio” ejemplifica, esencialmente, la convicción de que fanzines así son necesarios porque “ahí afuera no existen publicaciones que representen los valores de uno mismo y [hay que] decidirse a reaccionar ante ello”, pues por “encima de todas las cosas, hacer un fanzine es un acto de rebeldía”.

El Medio Reportaje de Renato Galicia

El Medio Reportaje de Renato Galicia 1

 

 

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